Menorca de cerca
MARIA PERELLÓ

Del 17 de septiembre al 10 de octubre de 2020

Abrimos temporada con la obra de la artista Maria Perelló que presenta una amplia serie de pinturas dedicadas a Menorca. Los paisajes que muestra nos transportan a esa sensación de calma, serenidad y silencio tan propia de la isla. El turquesa del agua y la luz cálida y acogedora del sol se convierten en los protagonistas indiscutibles.

Puede visualizar el catálogo clicando aquí.

Haciendo click aquí visualizarán el vídeo de la exposición realizado por Climent Vilella.

Aquí pueden ver a la artista comentando su obra.

 

 

Es casi una obviedad. Menorca atrapa al visitante discreto que la pasea sin quererla gastar. ¿Como se puede gastar un territorio que no es tuyo?, de mil maneras y el turismo de masas las conoce todas. Pero cuando el visitante se queda en un segundo plano, no vocifera y no se eleva por encima de los árboles, ni las rocas, es cuando la isla lo agradece y se muestra tal como es, desnuda, con impúdica belleza. El selfie está de más cuando observamos y confiamos en que la luz del tiempo que pasa vaya girando la perspectiva y alterando los colores básicos. Hay personas, no muchas, que lo saben hacer. Contemplar y dejar que los paisajes te hablen. Personas que, en silencio, saben sentarse encima una pared de piedra seca y quedarse mirando el campo que las rodea. Personas que miran el mar omnipresente con el respeto de quien no lo conoce, ni conoce el impacto que el mar tiene sobre una isla pequeña. Es con esta mirada, casi mística, con la que se consigue oír las voces. Llegan al oído. Son las voces de los hombres y las mujeres que trabajaron la tierra o la tuvieron que abandonar en tiempos de penuria. Son las voces de quienes emigraron mar adentro empujados por el hambre o de quienes encuentran en el mar su medio de subsistencia. Y, ¿qué hace el visitante que escucha voces de fantasmas del pasado? ¿Huye aterrorizado o cierra los ojos para oír mejor? En Menorca los fantasmas del pasado son amables y te invitan a sentarte a la mesa. Por eso la isla atrapa al visitante, porque ha sido invitado a una comida sencilla que le da paz y le permite reconciliarse con él mismo. El convite, entre bocado y bocado, te regala tiempo para pensar. La buena compañía del silencio entre vaso y vaso te calma la sed y te hace sonreír cuando hacía tiempo que no sonreías. No parece difícil, pero lo es. Las pinturas de Maria Perelló son una prueba. Conversar con los fantasmas amables y sus entornos naturales no está al alcance de todos. La pintora catalana, recordando un viaje de juventud y mirando desde la madurez nuevamente la isla, ha registrado las voces de la isla a través de una cadena de instantes que nos interrogan.

A los que vivimos en la isla nos cuestiona la mirada. Vivimos en ella, pero ¿sabemos mirarla?

A los que la visitan de manera ocasional los interpela sobre el equipaje. ¿Qué tienes en la maleta cuando vuelves a casa?

Jordi Vila i Armangué

 

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